Ali, Nicolino, Horangel y Rucci

16 - 02 - 22

En uno de los apartados de Los días salvajes – “Encuentro de dos mundos”, publicado también en Infobae en 2018 con otro título – Marcelo Larraquy narró una visita de Muhammad Ali a Buenos Aires en noviembre de 1971. Había sido invitado por el empresario peronista Carlos Spadone, cercano a los gremios ortodoxos cuyos representantes más prominentes eran José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel. De la visita que recuenta Larraquy recuerdo haber visto a Ali por la tele en el programa “Los doce del signo” de Horangel. El astrólogo le hizo un cuestionario que se me olvidó todo salvo una pregunta dividida en dos. Preguntó si tuviera que elegir entre dos personas buenas, una blanca y otra negra, con quién se quedaría. Y qué si se tratara de una persona blanca buena y una negra mala. El intérprete tradujo: “si las dos son buenas, elijo a la negra. Si la negra es mala me quedo con la buena persona”. En realidad la pregunta subdividida no se destacaba como muy trascendental pero por alguna razón que no distingo permaneció conmigo. Que Ali no dijera que prefería a las dos buenas por igual y que no afirmara que optaba por “la blanca buena” en vez de solo mencionar la “buena” – sin nombrar “blanca” – me reveló que el excampeón provenía de una experiencia racial distinta, compleja y dura. Esa experiencia todavía no la pensaba con empeño pero al fin, bajo el influjo de una adolescente perspectiva futbolística de fair play, me parecía que el boxeador retaceaba lo deseable, aunque no me daba para entender si lo justo.

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Algo que juzgué una falta grave de este apartado del libro fue que el autor no indagara sobre el contenido del diálogo en el asado que Spadoni en una fábrica de su propiedad le organizó a Ali con Rucci y Miguel. En cambio, aunque “hablaron toda la noche”, Larraquy se limitó a describir una pinche pulseada que no creo que a nadie le interesara saber quién ganó. Rucci y Miguel tenían una visión del mundo tan diferente de las luchas contra el racismo y por la paz que encarnaba Ali que el registro de cualquier tema de conversación entre ellos hubiese sido fascinante. Ocasión perdida. Hasta si hubiesen charlado naderías.

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Deduje que habría sido peor que a Larraquy se le pasara la visita de Ali al Luna Park. Pero ahí el autor, puntilloso e inteligente, no cometió error alguno. Mis apresurados reclamos al artículo antes del chequeo debido no tenían fundamento. Fueron mis remembranzas que fallaron. Ali visitó Buenos Aires dos veces; mi memoria fusionó ambas visitas. La segunda fue en mayo de 1979, invitado por canal 13 y la revista El Gráfico. El recuerdo que transgredió casi ocho años se centra en el ring del Luna con el saludo de los campeones mundiales argentinos Víctor Galíndez, Nicolino Locche, Accavallo, Castellini, Hugo Corro y Miguel Ángel Cuello. Ali hizo fintas con algunos en tanto que el público empezaba a corear cada vez con más fuerza el nombre de Nicolino. Eran fintas nada más, pero los hinchas adivinaban que pese a que la cosa no iba en serio, Locche podía donar una vez más esos amagues endiablados con los que embrujaba a espectadores y contrincantes. Cuando le tocó, mientras se medían entre risitas tímidas de un finteo inocuo, Nicolino endureció de repente el rostro, fijó los ojos en los del contrario y dio aquel clásico paso adelante para consumar el amague – sin golpe – con el que embaucaba a sus rivales aún en las pocas ocasiones en que no le iba tan bien. Ali se lo comió. Por un instante pareció asustado y el Luna estalló en una carcajada portentosa que la tengo como si hubiese estado ahí. Nicolino nos regaló el mejor momento de la noche.

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Agradezco a Los días salvajes que haya disparado esta memoria que se me estaba fugando y ayudado al mismo tiempo a estabilizarla. Quedan para posterior ocasión los comentarios sobre los otros apartados (episodios les llama Larraquy) de acontecimientos puntuales de la larga y explosiva década del setenta de este libro muy recomendable. En especial para los jóvenes que quieran indagar sobre el pasado setentista y también para veteranos que se las saben todas pero que de rompe y raja se pueden empezar a olvidar, como cada vez más a menudo tiende a sucederme.

HD

 

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