Sobre la radicalización de la democracia

 12 - 01 - 22

Por un populismo de izquierda
Chantal Mouffe (Traducción de Soledad Laclau)
Buenos Aires Siglo XXI, 119 págs.
2018

ste libro que según su autora pretende intervenir en el estudio de asuntos polílticos europeos, parece estar dirigido a cuestiones de América Latina, en especial a lo que los anglosajones denominaron pink tide (ola rosada) y de modo muy particular aunque nunca mencionado, al populismo argentino. Si aquí Mouffe narra para Europa Occidental y da la impresión que lo hace para América Latina debe suceder que estas regiones no difieren demasiado, aunque se crea lo contrario al cotejarse sus economías y sus culturas.

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(En conversación casual sobre el populismo con el amigo que trabaja las ilustraciones de este sitio notamos que ahora se lo utiliza para describir gobiernos – a veces – con proyectos populares y nacionales. En nuestros tiempos el término poseía una distintiva marca despectiva. Teníamos idea de los trabajos de Ernesto Laclau y de la propia Mouffe que tomaron el concepto y lo prestigiaron fundamentalmente entre intelectuales y claustrofílicos, pese a que ellos se esforzaron en trascender estos ámbitos exclusivos. De cualquier manera, cuando el público y sus adalides liberales de derecha y también de izquierda, hablan de populismo todavía se adivina la mueca peyorativa que se distinguía años ha.)

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Fue interesante o mejor, curioso, haber leído este libro más o menos al mismo tiempo que Crowds and Party de Jody Dean. Las discrepancias son importantes y vale la pena fijarse en algunas de ellas. Para dar un caso, cuando Dean afirma que la teoría populista de izquierda no propone la superación del capitalismo, Mouffe señala que las vertientes marxistas de la izquierda contemporánea pecan de esencialismo, defecto que las mantiene alejadas de las simpatías de las grandes masasEn defensa de las izquierdas tradicionales o marxistas, lanzarles impugnaciones como “esencialismo” es un recurso que se podría rastrear en prejuicios de los magos y sabios posmodernos que vienen prevaleciendo en el campo teórico y conceptual desde la implosión del socialismo.

El antiesencialismo del populismo de izquierda se reclama en el sentido de establecer una frontera que separe las premisas populistas de la labor de aquellas izquierdas que perdieron interés y vigencia. Que Mouffe apunte la agonía de los socialdemócratas no se discute; no sucede así con otras vertientes de izquierda que durante el avance neoliberal en el mundo han padecido toda clase de recriminaciones y vituperios, necesarios pero exagerados. Las reservas sobre esta agonía se recargan cuando habla de izquierdas a modo sábana, como cubriéndolas a todas. Solo cuando la autora protesta que en el libro califica solo a las izquierdas europeas occidentales las reservas se atemperan.

Esencialismo

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Mouffe conjura los términos pospolítica y poscapitalismo para referirse a los sistemas políticos edificados desde el derrumbe del bloque socialista. En el principio de esta etapa se encaramaron en las élites gobernantes modos de individualismo que trascendieron al resto de la población e hirieron el componente democrático – que ella destaca – de los Estados liberales. Lo que constituye un aporte (controvertible) de su parte es que estos rasgos individualistas no deben ser tan perjudiciales como los izquierdistas se los figuran sino que cuentan con elementos si no virtuosos ciertamente indispensables para el pluralismo a construirse y así formar un modo razonable y apetecible de gobierno (democrático, inclusivo).

La autora promueve la radicalización de la democracia dentro del sistema capitalista, norte bastante discreto – pienso – para los que han luchado, luchan y lucharán por cambiar el mundo, por decirlo genéricamente. De cualquier modo no hay que subestimar ya que los conceptos explorados no solo son atendibles sino que se encuentran en un plano cualitativamente superior – si consideramos los acercamientos a la igualdad y a la justicia social que propone – a cualquier variante liberal centrista, neoliberal o populista de derecha (o una combinación de estas) dentro del capitalismoUn poco, como que se le baja el copete a las expectativas revolucionarias, a las utopías y a las aventuras; copete que no sé hasta qué punto es deseable bajar. Fines modestos, los de la radicalización de la democracia. Para los que padecen los embates neoliberales – no se puede ignorar – la mentada práctica de la radicalización de la democracia incluye una opción nada desdeñable de ampliación de derechos para mayorías que las experiencias populistas de gobierno han traído consigo, al menos en América Latina.

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La recurrencia a nociones como la equivalencia de demandas, las fuentes, la articulación y la construcción gramsciana de hegemonía son otros temas de interés abordados por Mouffe y deben ser tenidos en cuenta por los movimientos sociales y políticos actuales. Acá sirve marcar que las nuevas derechas amigas de lo ajeno también leen a Gramsci para formar sus frentes neoliberales (José Natanson habló del asunto en su un tanto apresurado libro Por qué [2018] donde explora la eficacia electoral del macrismo; el subtítulo, “La rápida agonía de la argentina kirchnerista…”, no se condice con los resultados de las elecciones de 2019 a favor del Frente de Todos). No sugerimos que Mouffe haya migrado hacia la diestra del espectro ideológico, pero sus proposiciones no apuntan a capturar el poder y, obvio, resultan menos radicales que las propuestas de acción de otras izquierdas modernas, tradicionales o inclasificables. Quizá algún izquierdista, a quien la autora hubiese nombrado como esencialista se vería tentado en susurrarle a ella posibilista, término asimismo de carga desdeñosa que sin embargo se debería revisitar como parte de un ejercicio, si se quiere, comparativo con los poco exitosos albures izquierdistas y revolucionarios del pasado.

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Ciertos segmentos de la parte final del volumen pueden redundar en contradicciones más decisivas con quienes adhieren a las izquierdas convencionales en sus vertientes moderadas, radicalizadas y antisistémicas. Por ejemplo, la autora habla de un consenso para el que invoca una palabra que parece tomada de un trabalenguas, inerradicabilidad (de inerradicable), que indica que en la sociedad de hoy existe una adhesión a valores ético-políticos comunes a los bloques hegemónicos que componen el sistema democrático. Tal adhesión entraña otorgar reconocimiento al bloque adversario, que no se debe considerar como enemigo. Con el adversario se entabla una confrontación “agónica” y no antagónica, es decir, no enemiga. Sustraerse de considerar al bloque adversario como enemigo supone reconocerlo y convivir con él sin pretender destruirlo.

Lo precedente parece de difícil o de imposible factibilidad. Al “adversario” que de buenas a primeras y motu proprio se transforma en enemigo le atraen las experiencias autoritarias cuando no directamente dictatoriales y aborrece los avances democráticos que a Mouffe se le ocurren atractivos.

No imagino ni en Europa un consenso entre bloques hegemónicos. En América Latina – donde las contiendas ideológicas son más viscerales – los movimientos populares cuando gobiernan proponen consensos sensatos y ampliadores de derechos a los bloques adversarios, que de inmediato los rechazan afectando no solo los consensos sino la gobernabilidad. Luego, cuando los adversarios gobiernan asociados a poderes mediáticos y judiciales se proponen como objetivo central aniquilar la oposición populista o de izquierda. Para los latinoamericanos entonces esta metodología de consensos no parece ajustarse a sus necesidades. Mouffe no tiene la culpa de que esto sea así, pero para los movimientos populares latinoamericanos que efectivamente constituyen un bloque hegemónico en la región tal vez ha llegado la hora de diversificar estrategias, una de las cuales con todo lo vaga que suena, debería ser plantarse de modo más firme frente al adversario y en alguna medida, responder con vehemencia a sus bravuconadas y provocaciones.

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Dije antes que dudaba de la aplicación de las originales y puntillosas propuestas de la autora, aun en Europa que es donde ella sitúa su trabajo. Pero suponemos que unos cuantos intelectuales latinoamericanos intentan sino aplicar, sí adaptar el populismo de izquierda a nuestro continente. Hacen bien porque, siendo Mouffe tan informada y erudita, en este volumen hay mucho que aprender. Solo nos hemos centrado en un puñado de temas debatibles y desde el lego punto de vista de un lector interesado. Hemos dejado para mejor oportunidad otros tópicos de importancia como las bondades democráticas del Estado Liberal. También el deseo, lo libidinal y los afectos, procedentes del psicoanálisis, exquisitamente discutidos y cruciales herramientas para ampliar la comprensión de los nuevos movimientos y procesos sociales de cualquier rincón del mundo.

HD

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