Épica de un escape

05 – 07 – 20
El rescate
Froilán González y Adys Cupull
Buenos Aires: Cienflores, 2016
188 págs.


La evasión de los sobrevivientes de la guerrilla del Che es una hazaña de unos combatientes diezmados que quiebran la encerrona casi inexpugnable del ejército boliviano en las inmediaciones de la Quebrada del Yuro (1). Después de una veintena de escaramuzas desiguales se abren paso primero hacia Cochabamba, luego a La Paz y Oruro, y finalmente al norte de Chile. Los perseguidos cuentan con el auxilio de una red de personas que según Inti Peredo en Mi campaña junto al che se mantiene en el anonimato para evitar represalias. Para estos anónimos – escribe Inti – llegaría alguna vez el momento apropiado de narrar su historia. Froilán González y Adys Cupull, a décadas de los hechos, recopilan sus testimonios y los ordenan junto a los escritos y relatos orales que abundan sobre la aventura.

Lo espectacular consuetudinario

La obra rinde homenaje a los miembros de esta red a quienes da oportunidad de contar su parte en la gesta. El recuento intercala lo fascinante y lo mundano del testimonio. Los participantes son individuos comunes que colaboran en quizás el episodio más extraordinario de sus vidas. Sin ellos, sin sus modestos auxilios, sería imposible la segunda fase de la epopeya que consiste en extraer a los revolucionarios del cerrojo que les tienden las fuerzas represivas. 
Las ayudas son, por ejemplo, conducir un camión de carga acondicionado para esconder a los guerrilleros en su tránsito por la ruta Santa Cruz – Cochabamba. O montarse en una moto para guiar el camión con la falsa carga por la carretera atestada de militares hacia un escondite, patrimonio único de una familia sencilla que al decidir cooperar con los compañeros en apuros se juega no solo su austera propiedad sino la libertad y la vida.
Sorprenden la simpleza, la ingenuidad de estos protagonistas secundarios que pasan desapercibidos en la consecución de los asombrosos acontecimientos que marcan el episodio. Hay vacilaciones y precariedades que miradas desde el presente resultan cómicas si se omite el drama de las muertes. La operación es delicada y varias veces está por descalabrarse. Se trata de una gesta, sí. Pero en estos testimonios prevalece el matiz cotidiano. Los testimoniantes relatan, en principio, sin los adornos de la literatura; no los saben. Narran como pueden lo espectacular solo con la referencia de lo consuetudinario.

Sabaya – Macondo

Las improvisaciones – justificables ya que los involucrados no son profesionales revolucionarios sino gente de pueblo, sin rangos, simpatizantes y periféricos – no solo las cometen los comprometidos en el rescate y fuga. En una ocasión, cuando los guerrilleros se encuentran cerca de la frontera con Chile (2)  cometen errores que conducen a sucesos dignos de las desventuras de Don Quijote y Sancho. Los habitantes del pueblo de Sabaya se percatan que sus visitantes no son los comerciantes que alegan ser sino los guerrilleros de Vallegrande. Avisan la novedad por telégrafo a las autoridades de Oruro y mientras estas llegan pretenden retener a los fugados que notan enseguida los engaños y vueltas. Los combatientes se ven obligados a improvisar una transacción para que les permitan continuar la travesía. Libran un acta escrita por Benigno que dice así:

Hoy, día 14 de febrero de 1968, nosotros, los sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, al  llegar al pueblo Sabaya y ver las condiciones en que este se encuentra: la escuela sin pupitres, sin cuadernos, sin lápices; nosotros, en nombre de la Guerrilla y del comandante Che Guevara, donamos cuatrocientos dólares para la adquisición de material escolar. Hacen entrega Pombo, Urbano y Benigno: la suma la reciben el señor Alcalde y el señor contrabandista… (129)


Pertenecer al contrabandismo no se considera del todo una ocupación delictiva. Si bien el contrabandista debe eludir la justicia, tiene la prerrogativa de poder arreglar con ella. En varias oportunidades los testimoniantes nombran esta labor como un modo más de ganarse la vida. Se ufanan de pertenecer al oficio de “comerciantes” que indica pertenencia al rubro contrabando. Varios colaboradores y orgánicos dentro de los partidos y movimientos populares que cooperan en la operación, orgullosos, también se reclaman a sí mismos comerciantes contrabandistas y, de paso, comunistas.

Thriller 

En la última sección del libro los autores se abocan al montaje y la compaginación de los testimonios tal como Rodolfo Walsh recomienda que se haga, es decir, valiéndose de las posibilidades artísticas del género (3). La obra se sacude el monocorde fluir del recuento crudo y adquiere el ritmo de una ficción tipo “thriller”. El apremio de los sobrevivientes por abandonar Sabaya y las maniobras dilatorias de los habitantes para dar tiempo al ejército de llegar al pueblo se conjugan con la ineptitud militar para prender a los combatientes decididos pero enfermos, hambrientos y exhaustos. El mal tiempo en esos días niega la posibilidad a los uniformados de lanzar paracaidistas para la captura. Las fuerzas enviadas por tierra, en tanto, se empantanan en lodazales y vergüenzas a medio camino entre Oruro y Sabaya.

Los perseguidos alcanzan por fin el norte de Chile. Gracias a los esfuerzos de militantes de organizaciones de izquierda de ese país – en particular el senador Salvador Allende – y el apoyo de importantes sectores de la población, pese a la incomodidad del gobierno chileno de entonces (4) y el fastidio de sus fuerzas armadas, pueden continuar su largo viaje, ya con menos peripecias a la Cuba revolucionaria que los vuelve a cobijar como a sus mejores hijos. 

Notas:

[1]A los asesinatos del Che, Willy(Simeón Cuba Sanabria), Aniceto (Aniceto Reynaga Gordillo) y Chino (Juan PabloChang-Navarro Lévano) el 9 de octubre de 1967, sobreviven diez guerrilleros. Cuatro son ultimados en combate el 12 de octubre: Pablito (Francisco Huanca Flores), Chapaco (Jaime Arana Campero), Eustaquio (Lucio Edilberto Galván Hidalgo y Moro (Octavio de la Concepción de la Pedraja). Cinco del grupo de seis que continúa resistiendo son protagonistas del escape: Inti (Guido Álvaro Peredo Leigue), Pombo (Harry Villegas Tamayo), Urbano (Leonardo Tamayo Núñez), Benigno (Dariel Alarcón Ramírez) y Darío (David Savino Adriázola Veizaga). El sexto, Ñato (Luis Méndez Korner), muere luego de un enfrentamiento en Mataral, el 15 de noviembre.

[2]Inti y Darío se quedan en Bolivia a continuar la lucha. Estanislao Villca Colque (Tani) y Efraín Quicáñez Aguilar (Negro José) que no estuvieron en el monte, acompañan a los cubanos Pombo, Urbano y Benigno en el cruce de la frontera y eventualmente en el viaje a Cuba.

[3]Reportaje de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh, marzo de 1970: “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política” (11 – 28). En Un oscuro día de justicia, México: Siglo XXI, 1978 (2da. edición)

[4]El presidente de Chile entre 1964 y 1970 fue el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1911 – 1982).

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HD

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