Densidad testimonial

Densidad testimonial

Reseñas de libros, 27 – 08 – 17

Hugo De Marinis

 

Ni el flaco perdón de dios

Juan Gelman – Mara La Madrid

Buenos Aires: Planeta, 2017

 

Una veta de trabajos sobre los setenta se ha venido expandiendo desde hace unos años. Es la que testimonia, estudia, filma y ficcionaliza historias, puesta en marcha en gran medida por hijos de desaparecidos, presos y exiliados. Hay un número significativo de títulos publicados y su aporte básico es la contribución al entendimiento de una de las consecuencias más dramáticas de los años duros. Estas obras continúan la ardua indagación sobre la aclaración histórica de esa época colmada de tragedias y secretos. Se imponen, entre otros propósitos, cubrir los vacíos dejados por los perpetradores. Las ausencias de los secuestrados, las palabras fragmentadas de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, de familiares y de ex militantes que recuerdan y revelan, se habían constituido en las únicas fuentes. Con el paso del tiempo estas fuentes se han expandido hacia los más jóvenes, gran parte de ellos, hijo@s.

Mara La Madrid (coautora junto al poeta Juan Gelman [1930 – 2014]) presentó la segunda edición de Ni el flaco perdón de dios en la Feria del Libro de Buenos Aires en mayo pasado. La reimpresión adiciona una introducción de La Madrid y un epílogo de Horacio Verbitsky. El libro, si no es el primero en que las voces de los hijos se escuchan distintivamente [i], sí es el que abre el camino de muchos abordajes posteriores [ii].

La lectura permite estimar, lo “terrible y hermoso” (Verbitsky, 462) de los testimonios. También se pueden apreciar consideraciones formales enunciadas por Rodolfo Walsh (1927 – 1977 [?]) sobre el tratamiento de obras documentales y de denuncia. Dice en el epígrafe, “Este libro quiere mostrar, no demostrar”. Lo “mostrable” y su nivel de rigurosidad merece “los mismos trabajos y esfuerzos” [iii] del escritor que cualquier otro artefacto artístico serio.

Horacio González notó esto último en la presentación del trabajo al comparar la aproximación a los testimonios de Ni el flaco perdón de dios y los de La voluntad (1997 – 1998). Según el ex director de la Biblioteca Nacional los reproducidos por Eduardo Anguita y Martín Caparrós parecen todos tener la voz de Caparrós. Un aparente descuido en la desgravación que La Madrid y Gelman evitan con el respeto por el habla y modo de articular de cada entrevistado.

Se observan también los ecos de la didáctica de Walsh en cuanto a la densidad del género documental: el cuidado del montaje, la compaginación y la selección (de 2.500 páginas transcriptas quedaron menos de 400 [La Madrid, 21]). El lector distingue que detrás de los testimonios hay alguien que conoce el oficio, sabe escribir, ordenar y acicalar palabras sin que el relato pierda autenticidad.

Los temas son los de vidas signadas por acontecimientos extraordinarios pero también abarcan el horror no buscado que irradió la épica de la militancia. Más cerca de la cruda realidad que de los sueños de los padres secuestrados antes de sus caídas respecto a los destinos de sus descendientes, cada hij@ elabora como puede la relación con sus padres desaparecidos. Unos alzan sus banderas revolucionarias, otros aceptan que hayan levantado esas banderas sin imitarlos ni celebrarlos, otros más los recriminan. Discurren por temas variados, incluso los que aún hoy permanecen como tabúes: complicidades de la sociedad, vergüenzas y bajezas familiares, delaciones y traiciones. Tópicos espinosos porque surgen sin el filtro del presente que ha aprendido a tratarlos con mayor amplitud.

La referencia teológica del título conmina con ironía a escrutar las responsabilidades propias sobre los restos de un acometimiento portentoso que culmina en naufragio. Pero aún más la ironía del título interpela a los desaparecedores, ni siquiera aptos para recibir el perdón de un dios con minúscula.

La Quinta Pata, 27 – 08 – 17

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[i] Las contribuciones de conocidos estudiosos, periodistas y militantes de derechos humanos se intercalan entre los testimonios de los hij@s y resultan valiosos para la contextualización de la obra. Entre ellos los de Jorge Bernetti, Hebe Bonafini, Pilar Calveiro, Adriana Calvo, Estela Carlotto, Nora de Cortiñas, Lilia Ferreyra, Rogelio García Lupo, Emilio Mignone y José María Pasquini Durán.

[ii] Entre otros, sin orden cronológico y no exclusivamente sobre la dictadura, están las siguientes obras producidas por y sobre hij@s: La casa de los conejos (2007), Los pasajeros del Anna C. (2012), y El azul de las abejas (2013) de Laura Alcoba; Los topos (2008) y Las chanchas de Félix Bruzzone (escribió más, pero estos son dos interesantes); Perder (2008) y Pequeños combatientes (2013) de Raquel Robles; Hijos de los 70 (2016) de Carolina Arenes y Astrid Pikielny; De vuelta a casa (2008) y La guardería montonera (2013) de Analía Argento; Hijos del sur (2014) de Noemí Ciollaro; Aparecida (2015) de Marta Dillon; Identidades desaparecidas (2008) de Gabriel Gatti; Los chicos del exilio (2002) de Diana Guelar, Vera Jarach y Beatriz Ruiz; Cómo enterrar a un padre desaparecido (2012) de Sebastián Hacher; Diario de una princesa montonera (2012) de Mariana Eva Pérez; En mi nombre (2014) de Ángela Pradelli; La búsqueda (2016) de Miguel Robles; ¿Quién te creés que sos? (2012) de Ángela Urondo Raboy.

Entre los films se pueden mencionar, Kamchatka (2002) de Marcelo Piñeyro, Los rubios (2003) de Albertina Carri; Papá Iván (2004) de María Inés Roqué e Infancia clandestina (2012) de Benjamín Ávila

[iii] “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política”, entrevista de Ricardo Piglia (1941 – 2017) a Rodolfo Walsh, en Un oscuro día de justicia (2da. edición), México, Siglo XXI, 1978.

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